Asunción CityGuia do Paraguai

Cultura

Cultura viva

Um país bilíngue onde o guarani é falado na rua, no rádio e em casa. Renda ñandutí, harpa, polca e guarânia, mitos ainda contados e festas herdadas.

Tau y Kerana

El espíritu del mal que raptó a una joven y engendró a los siete monstruos de la mitología guaraní.

Kerana era una joven hermosa, hija de Marangatu. Tau, personificación del espíritu del mal, la raptó tras una larga lucha con Angatupyry, el espíritu del bien. Como castigo, Arasy, la madre del cielo, lanzó una maldición: sus siete hijos nacerían monstruos. Así llegaron Teju Jagua, Mbói Tu'i, Moñái, Jasy Jatere, Kurupi, Ao Ao y Luisõ, protagonistas de los cuentos que todavía se cuentan en el campo.

Teju Jagua

El 'lagarto perro', guardián de cuevas, frutas y tesoros.

Primer hijo de Tau y Kerana. Su nombre significa 'lagarto perro': es un enorme lagarto con siete cabezas de perro —en algunas versiones, una sola— y ojos que lanzan fuego. Por su tamaño apenas puede moverse, así que es el menos peligroso de sus hermanos. Se alimenta de frutas y de la miel que le trae Jasy Jatere, y cuida las cavernas y las riquezas escondidas bajo tierra.

Mbói Tu'i

La serpiente con cabeza de loro que cuida esteros y anfibios.

Segundo hijo de Tau y Kerana, su nombre significa 'serpiente loro'. Tiene cuerpo de víbora, cabeza de loro con un pico enorme, lengua roja bífida y plumas en la cabeza. Vive en los esteros y humedales, protege a los anfibios y ama las flores y la humedad. Sus graznidos, que se oyen desde muy lejos, bastan para aterrar a quien anda de noche cerca del agua.

Moñái y la leyenda de Porãsy

La serpiente ladrona de los campos y la joven que se sacrificó para vencerla.

Moñái, tercer hijo, es una serpiente gruesa con dos cuernos que usa como antenas para hipnotizar a sus presas; domina los campos abiertos, trepa árboles y reina sobre las aves. Sus robos enfrentaban a los vecinos entre sí, hasta que la bella Porãsy fingió amarlo, reunió a los siete hermanos en la cueva para la boda y, cuando estaban ebrios, pidió que prendieran fuego a la entrada, muriendo con ellos.

Jasy Jatere

El niño rubio de la siesta que se lleva a los chicos que no duermen.

Cuarto hijo de Tau y Kerana. Es un niño pequeño y hermoso, de cabello dorado, con un bastón de oro donde guarda su poder. A la hora de la siesta recorre montes y campos silbando como un pájaro para atraer a los niños que no descansan: los lleva lejos, les da miel y frutas y los abandona. Si se le quita el bastón, pierde su magia.

Kurupi

El señor de los bosques, figura de la fertilidad y el terror de las jóvenes.

Quinto hijo de Tau y Kerana. Es un ser feo y robusto que vive en la espesura y, según la tradición, tiene un miembro viril tan desmesurado que debe llevarlo enrollado a la cintura. Sale a la hora de la siesta a buscar mujeres jóvenes y, en los relatos rurales, se le atribuían los embarazos inesperados. Es de los personajes más populares del folclore, contado con picardía.

Ao Ao

La bestia de los cerros que persigue a los viajeros gritando '¡ao, ao!'.

Sexto hijo de Tau y Kerana y señor de cerros y montañas. Parece una oveja enorme con cabeza de jabalí, garras poderosas y apetito de carne humana. Se reproduce sin cesar y sus crías salen en manada gritando '¡ao, ao, ao!'. Si alguien trepa a un árbol, cavan hasta derribarlo; la única salvación es subirse a una palmera pindó, árbol sagrado que la bestia no puede tocar.

Luisõ

El séptimo hijo, señor de la muerte, que ronda cementerios las noches de martes y viernes.

El más temido de los siete. Luisõ (o Luisón) habita la encrucijada entre la vida y la muerte: los martes y viernes por la noche se transforma en un perro enorme, flaco y maloliente que busca cementerios y carroña. Una creencia popular dice que el séptimo hijo varón seguido de una familia puede convertirse en luisõ, una idea parecida a la del hombre lobo europeo.

Pombero (Karai Pyhare)

El duende de la noche que silba en el monte y protege a los animales.

También llamado Karai Pyhare, 'señor de la noche'. Esconde la cara bajo un gran sombrero de paja, puede transformarse en animal o en tronco y anuncia su presencia con silbidos lejanos. Protege a la fauna y al monte: castiga a quien caza más de lo que come o tala sin necesidad, y lo pierde en el bosque. Para tenerlo contento, en el campo se le dejan tabaco, caña o miel.

Kuarahy y Jasy

Los hermanos que se convirtieron en el Sol y la Luna.

En relatos de varios pueblos guaraníes, con muchas variantes, Kuarahy (el Sol) y Jasy (la Luna) son dos hermanos cuya madre murió a manos de los jaguares. Criados sin conocer la verdad, al descubrirla vengan a su madre y viven una serie de aventuras en la tierra —Kuarahy sabio y creador, Jasy travieso e imprudente— hasta subir al cielo, donde uno ilumina el día y el otro la noche.

Ka'a Jarýi, la dueña de la yerba

La leyenda del origen de la yerba mate, regalo de los dioses a una familia hospitalaria.

Una de las versiones cuenta que un anciano vivía en el monte con su hija, Jarýi. Un día recibieron con lo poco que tenían a un visitante que resultó ser un enviado divino. En agradecimiento, les regaló una planta nueva, la ka'a, y convirtió a la joven en su protectora eterna: Ka'a Jarýi, dueña de la yerba. Por eso el mate y el tereré se comparten como gesto de hospitalidad.

Plata yvyguy

Los tesoros enterrados que, según el campo, se delatan con luces en la noche.

Plata yvyguy significa 'plata bajo tierra'. La creencia se atribuye a las familias que enterraron joyas y monedas al huir durante la Guerra de la Triple Alianza, y también a supuestos tesoros jesuíticos. Se dice que el lugar se revela con una llama que corre y se apaga, o con un perro blanco sin cabeza, y que solo las personas generosas logran encontrarlo. Todavía hay quien la busca.

Póra, las apariciones

Fantasmas, luces y ruidos que 'asustan' en casas viejas y caminos rurales.

En el campo paraguayo se llama póra a las apariciones y fantasmas: luces que cruzan el monte, pasos en casas abandonadas, voces en las taperas. Muchas historias de póra se relacionan con la plata yvyguy, como si el alma del dueño siguiera cuidando el tesoro enterrado. Estos relatos, los kaso ñemombe'u, se cuentan en ronda al caer la noche, casi siempre con tereré o mate de por medio.

Karai Octubre

El personaje que el 1 de octubre revisa las ollas: si están vacías, trae hambre.

Octubre fue tradicionalmente un mes de escasez en el campo, y el folclore lo personificó en Karai Octubre, un hombrecito de sombrero pirí grande y gastado que lleva un látigo de liana. El 1 de octubre visita las casas y mira la olla: si está llena, habrá abundancia todo el año; si está vacía, llega la miseria. Para ahuyentarlo se come jopara, guiso de porotos y locro.